Anna Pávlova. El cisne inmortal del ballet cumple 140 años

Este 12 de febrero de 2021 todo el mundo festeja los 140 años de Anna Pávlova, la bailarina rusa más emblemática y famosa de todos los tiempos.

El cisne inmortal del ballet clásico, la bailarina assoluta, bailarina-leyenda, alma del ballet e inspiración para todos los bailarines. Unió sus aptitudes coreográficas y grandes dotes de actriz y aportó muchas innovaciones en el arte del ballet clásico. Sobresalió esencialmente en la interpretación de los ballets románticos. Gran artista, que poseía un incomparable talento dancístico y dramático. Su biografía parece más un guión cinematográfico que la vida real. Dicen que sus últimas palabras fueron: “Prepárenme para ponerme el vestuario del cisne”.


Anna Pávlova el cisne inmortal del ballet

Quiero comenzar contándoles algunos datos curiosos sobre Anna:
  • Durante sus 22 años de gira por el mundo, recorrió en tren más de 500.000 kilómetros, presentó 9.000 funciones y fue la primera artista que trajo el arte del ballet clásico a países de todos los continentes.

  • En Holanda hay un tipo de tulipán que lleva su nombre.

  • En Londres hay cinco monumentos dedicados a ella.

  • Un tipo de alga marina tiene su nombre.

  • En Australia crearon un pastel de merengue y crema con frutas que lleva su nombre, el cual es conocido en todo el mundo.

  • Su interpretación de la danza folclórica mexicana “El Jarabe Tapatío” era muy bien recibida durante sus presentaciones, por lo que contribuyó a la popularidad de ésta alrededor del mundo.

Mira este video:

Anna Pávlova nació en San Petersburgo el 12 de febrero de 1881 en el seno de una familia de bajos recursos. Su madre, Lubov Pávlova, la dio a luz siendo soltera. Lubov trabajaba como lavandera y costurera y no contaba con mucho dinero. Ella declaró que su padre murió cuando Anna tenía dos años de edad, pero es posible que fuese hija ilegítima, y los biógrafos especulan que su padre pudo ser el banquero Lázar Polyakov.


Anna Pavlova

Un día Lubov y Anna visitaron una función de ballet en el teatro Mariinsky. Anna, entonces de 8 años, se enamoró del ballet y decidió ser bailarina. Tras la continua insistencia de Anna, su madre la llevó a una audición de ballet, pero fue rechazada de la Escuela del Ballet Imperial por no tener suficiente edad, pero dos años más tarde fue admitida. Estudiar danza en la Academia era muy complicado para Anna que no tenía mucha salud, ni las habilidades físicas; era muy delgada y débil.


Durante su carrera como estudiante y, posteriormente bailarina del teatro Mariinsky, sus maestros fueron Pável Gerdt, Christian Johansson, Yekaterina Vazem, Eugenia Sokolova y Enrico Cecchetti, quienes la formaron en el ballet clásico.


Anna Pávlova

En 1899 Anna terminó la escuela y entró al teatro Mariinsky. En 1906 realizó su primera interpretación como prima bailarina. Durante su carrera en Rusia trabajó mucho con el coreógrafo Mikhail Fokin. Fokin hizo especialmente para ella la coreografía de la danza “La Muerte del Cisne”, con música de Camille Saint-Saëns. Esta danza se convirtió en la obra maestra del coreógrafo y de Anna, como bailarina. Hasta ahora es una de las obras más famosas del ballet clásico.

En 1908 Anna empezó sus giras por el extranjero con mucho éxito. En 1909 recorrió Europa con los ballets de Serguéi Diáguilev y fue la estrella del ciclo de giras “Temporadas rusas” en París. Un cartel del pintor ruso A. Serov adornó la capital francesa durante el verano. En este cartel “Anna Pávlova en ballet Sílfides” la artista es representada como un hada flotando graciosamente en el aire.


Anna Pávlova en "Temporadas rusas" en Paris

En esa época Anna conoció a un ingeniero ruso, Viktor Dandre, quien luego fue su esposo y el gran amor de su vida. En 1910 Ana Pávlova formó su propia compañía de ballet y en 1912 emigró a Inglaterra donde se instaló con su esposo en una casa en Londres. Con su propia compañía de ballet Anna hizo giras por Europa, Estados Unidos, América Latina, Australia, África y Asia. En esas giras Anna Pávlova difundió en todo el mundo el arte del ballet. En 1919, durante una gira por México, Pávlova fue una de las primeras bailarinas clásicas en ejecutar el Jarabe Tapatío en zapatillas de punta, vestida con la indumentaria de la China Poblana.


Anna Pávlova en México

Pávlova cambió para siempre el ideal de las bailarinas. En 1890 se esperaba que las bailarinas del Teatro Mariinski fueran técnicamente fuertes, y esto significaba, normalmente, tener un cuerpo poderoso, musculoso y compacto. Pávlova era delgada, de apariencia delicada y etérea, perfecta para los papeles románticos como Giselle. Su baile más famoso fue La Muerte del Cisne; otras interpretaciones en las que destacó fueron El Lago de los Cisnes, Las Sílfides y Coppélia.

En 1931, estando de gira por Holanda, Anna se enfermó de pleuritis. El 23 de enero de 1931 Anna Pávlova falleció en La Haya, Países Bajos, pocos días antes de cumplir 50 años. Su último deseo fue que le pusiesen su traje para La Muerte del Cisne, y sus últimas palabras fueron: “Prepárenme para ponerme el vestuario del cisne". De acuerdo con la tradición del ballet, el día que ella tenía que actuar, se presentó el espectáculo con un sólo proyector que iluminaba el escenario vacío donde debería estar la bailarina.

Anna Pávlova

Los servicios fúnebres se hicieron en la Iglesia Ortodoxa Rusa de Londres y fue incinerada en el Crematorio de Golders Green de esa misma ciudad, donde reposan sus cenizas.

A continuación te invito leer algunas citas de Anna Pávlova

Anna Pávlova

Dice Anna Pávlova:

«El haber ingresado a la Escuela de Ballet Imperial fue como entrar al monasterio, lugar donde reinaba la disciplina de hierro. Cada mañana, a las ocho, el repique de la gran campana nos despertaba. Nos vestíamos a toda prisa bajo la supervisión de una maestra, quien se aseguraba de que nos laváramos cuidadosamente las manos, las uñas y los dientes. Tras vestirnos, íbamos a rezar, las oraciones eran leídas por una niña en voz alta parada delante de la cruz. Cerca de la cruz parpadeaba una lámpara con un asterisco rojo. A las nueve desayunábamos té y pan con mantequilla; a continuación, íbamos a una clase de baile. Primero bailaban los más jóvenes para luego dar paso a los mayores. Una llamada nos avisaba que era hora de almorzar. Después íbamos a dar un paseo y luego estudiábamos danza nuevamente hasta las cuatro; y posteriormente tomábamos nuestra merienda. Después daban tiempo libre; a continuación, nuevamente comenzábamos clases de esgrima y música, a veces bailando y ensayando las obras, en las que estábamos involucradas en el Teatro Mariinsky».


«Conocí a una bailarina que practicaba ballet seis horas al día y alcanzó gran fama -ahora es mi amiga-. Ella cada verano viaja al campo y allí durante cuatro horas al día toma sus clases de ballet bajo la supervisión de su hermano, un bailarín maravilloso. Como en cualquier otro tipo de arte el éxito depende principalmente de la iniciativa propia y la constancia en el trabajo. Incluso, una bailarina con éxito no puede permitirse el lujo de ser perezosa. Para mantenerse en forma debe hacer ejercicio diariamente, como un pianista tiene que practicar sus escalas todos los días”.


“Muchos imaginan que la vida de una bailarina es frívola. No es cierto. Si la bailarina no mantiene un estricto control sobre su cuerpo, rápidamente perderá su trabajo. Tiene que sacrificarse por el arte. La virtud de una bailarina es hacer olvidar a sus espectadores, por un momento, sus decepciones y preocupaciones. Me di cuenta de esto en Estocolmo. Después de la función, me esperaba todo tipo de público: trabajadores, vendedores y modistas. Todos me acompañaban caminando en silencio, sin gritos y sin aplausos; parece que incluso sin hablarse el uno al otro y, luego, se pusieron debajo de mi balcón. Al salir recibí una tormenta de aplausos y gritos entusiastas, casi me aturdió después de ese increíble silencio. En agradecimiento, sólo pude inclinarme. Luego comenzaron a cantar preciosas canciones suecas. No supe qué hacer. Entonces entré a la habitación, tomé una cesta de flores que me regalaron esa tarde, y salí nuevamente al balcón. Comencé a tirar flores a la multitud: rosas, lirios, violetas, lilas... La gente se quedó mucho tiempo y no se quería ir... Esta experiencia me emocionó hasta el alma. Me di vuelta y le pregunté a mi mucama: “¿Por qué están tan fascinados conmigo?". – “Señora”, - dijo la mucama – “es que les dio un momento de felicidad, permitiéndoles escapar de sus preocupaciones”. Nunca olvidaré esa respuesta. A partir de ese día mi arte tiene significado y valor para mí”.


Anna Pávlova El cisne inmortal del ballet

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